"La gente no es consciente de su estado corporal interno"

Se ha investigado cómo los humanos responden y se adecúan al entorno en la medida que son capaces de sentir y regular sus estados internos, algo clave para el tratamiento de trastornos de ansiedad generalizada como el pánico y la fobia, entre otros. (Fuente El Mercurio de Calama)

Múltiples teorías sobre las emociones y las interacciones sociales sostienen la idea que para regular los estados emocionales y las interacciones con otras personas, la capacidad de sentir el estado corporal interno es fundamental. Así, para autorregular las emociones ante situaciones que generen estrés, ansiedad extrema o agresión, la capacidad individual de cada persona de conectarse y regular los estados internos, sensaciones y estados corporales es crucial.

Agustín Ibáñez, investigador del Centro de Neurociencias de la Escuela de Psicología de la Universidad Adolfo Ibáñez, lideró un estudio sobre autorregulación e investigó cómo el ser humano responde y adecúa adaptativamente al entorno externo, en la medida que es capaz de sentir y regular los estados internos.

El alcance

La investigación aborda la forma en que las personas procesan las emociones y cómo la cognición social se entrelaza con el diálogo entre el cerebro y las señales que emite el cuerpo, como los latidos del corazón y los niveles de respiración. A su vez, éstos procesos son una base indispensable para la interacción social y cómo aprender a reconocer las emociones, experimentar empatía e inferir los estados mentales de otras personas.

Metodología aplicada

El estudio liderado por Ibáñez probó la hipótesis sobre la relación entre el procesamiento emocional, la interocepción (el procesamiento de las señales internas) y la cognición social combinando dos métodos: primero, determinaron qué áreas cerebrales se activan y juegan un papel preponderante para la emoción y la interocepción; segundo, la cognición social mediante el análisis de 4.500 estudios de emociones, cognición social e interocepción mediante neuroimágenes.

Los investigadores descubrieron que la ínsula, área crítica para la regulación de los estados internos y corporales, es una de las regiones en común y consistentemente involucrada en los tres dominios. Evaluaron a un grupo de pacientes con lesiones cerebrales, principalmente en la ínsula. Fue en este último paso donde comprobaron que el funcionamiento cognitivo general está preservado y que el procesamiento emocional, la interocepción y la cognición social están afectados en los casos estudiados.

Agustín Ibáñez, líder de la investigación, entregó conversó con este medio su investigación.

¿Cuál es la importancia de haber hallado esta evidencia y en qué ámbitos puede ser útil?

Los resultados, que han sido apoyados por corrientes periféricas de la psicología y de las neurociencias, son importantes porque devuelven a la mente su "corporización" o, mejor dicho, su intrínseca naturaleza corporal y situada. Igualmente, los afectos y la interacción social dependerían parcialmente de cómo regulamos los estados corporales. La evidencia sugiere que la regulación de estos estados mediante métodos sencillos, como el control de la respiración o la focalización en los estados internos, podrían ayudar a regular nuestras interacciones sociales y emocionales. El aprender a "desengancharse" de eventos externos que generan estrés y ansiedad, mediante la focalización de los estados internos, incluso podría regular los procesos mentales y entregar una herramienta potente a pacientes aquejados con problemas de control de impulsos en su desenvolvimiento social y su reactividad emocional.

¿Qué es la interocepción?

Se refiere a la capacidad de sentir, percibir y detectar nuestras señales corporales. Las personas variamos según nuestra capacidad interoceptiva; algunos pueden detectar con mucha precisión las señales del cuerpo, mientras que a otros les es más complejo. Se refiere a sentir nuestros latidos cardíacos, captar la temperatura de nuestro cuerpo o percibir diferentes estados viscerales.

¿Qué cuadros psiquiátricos y neurológicos más frecuentes se podrían tratar a través de la conexión de los estados emocionales internos?

Los trastornos de ansiedad generalizada, como el pánico, fobia, trastorno obsesivo compulsivo, la demencia frontotemporal, la esclerosis múltiple y algunos tipos de lesiones cerebrales.

¿Qué tan consciente es la gente respecto a la importancia de sentir el estado corporal interno?

En general, bastante poco. En nuestra vida cotidiana tendemos a ignorar las señales corporales, sobre todo cuando hay altos niveles de estrés, ansiedad y depresión. Cotidianamente nos volcamos a los problemas externos y nos habituamos a no sentir nuestro cuerpo. Desconectarse de las responsabilidades, las tensiones o el estrés resulta muy dificultoso.

¿Qué acciones pueden tomar las personas día a día para conectarse con sus estados internos, sobre todo en situaciones que generen estrés o ansiedad?

Todo depende de cuánto quieran focalizarse. Es como tocar guitarra: basta con que practiques periódicamente. Tomarse diariamente entre 10 a 15 minutos para sentir los estados corporales, fijar atención en las señales que emite el cuerpo y desconectarse de situaciones externas o demandantes para ayudar a regular las emociones.

¿Cómo recibió la comunidad científica, en general, su investigación?

Muy bien, sobre todo por un gran número de neurocientíficos que trabajan en interocepción y que asumían que esta investigación tenía un vínculo con las emociones y la cognición social, pero no habían desarrollado modelos empíricos para demostrar su relación. A raíz de este trabajo, nos invitaron del Oxford University Press a escribir un capítulo para un libro que saldrá a fines de este año.

¿Cuál es el próximo paso? ¿Qué te gustaría encontrar?

Estamos trabajando en un proyecto Fondecyt para estudiar de forma directa si el entrenamiento en interocepción cardíaca mejora el reconocimiento de emociones ambiguas midiendo los correlatos cerebrales en diferentes cuadros degenerativos. Estamos extendiendo el estudio a múltiples cuadros, como la esclerosis múltiple, el trastorno obsesivo compulsivo, el autismo, otras enfermedades degenerativas y también en pacientes con trasplantes al corazón. 

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