El acelerado desarrollo de la astroingeniería y la astroinformática en el país

Chile ha recibido a la mayoría de los telescopios más importantes del mundo, otorgándole a los astrónomos nacionales un tiempo privilegiado en ellos. El área es la más productiva entre las ciencias, lo que ahora se está transmitiendo a otras disciplinas, como la ingeniería y la informática.

Nueve universidades ya están insertas en el desarrollo de la astroingeniería, astroinformática y también astrometeorología, participando en proyectos con los observatorios o diseñando y construyendo instrumentos y piezas. Así, hoy ya existe la capacidad para construir un telescopio 100% en Chile, sostiene la mayoría, aunque falta financiamiento y experiencia en administración. Un radiotelescopio pequeño costaría entre 10 y 30 millones de dólares, y uno óptico, unos US$100 millones.

“Perfectamente podríamos construir y operar un telescopio 100% chileno”, dice Ricardo Finger, investigador del Cata y experto en instrumentación astronómica de la U. de Chile. ¿Cómo se llegó a esa capacidad? La astroingeniería ha tomado impulso desde principios de este siglo. La U. de Chile fue pionera en inaugurar un Laboratorio de Ondas Milimétricas, del que Finger es parte, en el cual se desarrolló -con un consorcio internacional- la Banda 1 para Alma (uno de sus receptores). También prepararon parte de la Banda 5 y hoy desarrollan un prototipo para la Banda 9 y la 2+3, trabajando con expertos de Alemania, Italia e Inglaterra.

La experiencia en instrumentación les ha servido, además para desarrollar una antena de alta frecuencia para Wi-Fi, un medidor de humedad de la madera y un aparato de búsqueda de personas atrapadas, todas con aplicaciones de microondas, explica Finger, que perfectamente podrían llegar a la industria.

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